“*El alma del perezoso desea, y nada alcanza; Mas el alma de los diligentes será prosperada*” Prov. 13:4. ¿Alguna vez has escuchado la advertencia “*¡Tienes que ser más diligente!?*” Con frecuencia, los padres, maestros, compañeros de trabajo o jefes recordarán, alentarán o instruirán a otros con esas palabras. La diligencia es un rasgo raro en nuestra cultura. Nuestra sociedad sufre de un caso extremo de pereza. Iniciamos proyectos y nos falta el enfoque y fuerzas para terminar. El libro de Proverbios, que fue escrito hace miles de años, habla extensamente sobre los diferentes rasgos de una persona perezosa frente a una persona diligente.
En Prov. 12:24 dice: “*La mano de los diligentes señoreará; Mas la negligencia será tributaria*”. A nadie le gusta vivir bajo control, y despreciamos que otros nos ordenen. Sin embargo, si somos perezosos, nuestro trabajo será dictado por las demandas de alguien más. Si tengo deudas, ellas me estarán gobernando.
Tenemos un hambre constante por más, un agujero enorme dentro de nosotros que parece que no podemos llenar. En Prov. 13:4 dice: “*El alma del perezoso desea, y nada alcanza; Mas el alma de los diligentes será prosperada*”. De todos los hábitos que se deben formar, busca la diligencia práctica para llenar ese agujero enorme que el dinero y las cosas no pueden llenar.
La televisión y la internet están llenos de personas que garantizan la riqueza sin trabajo, perder peso sin ejercicios, tener éxito en el amor comprando esto o aquello. Prov. 13:11 dice: “*Las riquezas de vanidad disminuirán; Pero el que recoge con mano laboriosa las aumenta*”. Las personas que trabajan con entusiasmo cosechan la generosidad de su esfuerzo. El éxito esta garantizado para los diligentes.
Mientras que otros luchan para ser notorios, los diligentes son buscados por personas en posiciones de autoridad o prominencia. Prov. 22:29 dice: “*Has visto hombre solícito en su trabajo? Delante de los reyes estará; No estará delante de los de baja condición*”. Cuando eres diligente, emites un brillo que atrae la atención de todos los que te rodean.
tenemos que despertar a la realidad. En vez de postergar en hacer lo que sabemos que deberíamos hacer porque no haces de cada día tu obra maestra. Dale una oportunidad a tus sueños tomando medidas hoy para llevarte a la vida con la que sueñas en el mañana.
Define tu visión y busca rodearte de personas diligentes. “Dime con quien andas y te diré quién eres” dice un viejo proverbio. Asegúrate en tener una visión clara de parte de Dios, pero también así de rodearte de personas diligentes.