“*Mas cuando fueres convidado, ve y siéntate en el último lugar, para que cuando venga el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba; entonces tendrás gloria delante de los que se sientan contigo a la mesa*” Lc. 14:10. Hay dos formas de llegar a tener un lugar de honor. Una es la que todo el mundo hace: aprovecha cada oportunidad de promoverte; busca ocasiones de reconocimiento público, y manipula cada momento para ser el centro de atención.
Esto significa admitir que no soy la “*monedita de oro*”, dándome cuenta de que no lo he aprendido todo, que no soy la suma total del universo, que no soy perfecto. He aquí los beneficios de la humildad:
uando soy humilde, no tengo que tener todas las respuestas, me doy cuenta de que el mundo no depende de mí, puedo renunciar como “*Gerente General del Universo*”. Cuando soy humilde no tengo que fingir tratando de impresionar a las personas. Cuando me convierto en una persona humilde, cuando camino en dependencia del Señor, reduce el estrés en mi vida. A medida que el estrés disminuye, la felicidad aumenta.
¿Te gusta estar alrededor de personas arrogantes y orgullosas? ¡Claro que no! Las personas orgullosas son un dolor de cabeza y destrozan las relaciones. Por el otro lado, las personas humildes no siempre intentan impresionarte. Cuando cuentas una historia, no siempre tienen que tener una mejor. La humildad no significa que pienses menos en ti mismo, solo piensas más en los demás y esto mejora tus relaciones.
La Biblia dice que el secreto del poder espiritual es caminar humildemente ante el Señor. En Stg. 4:6 dice: “*Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes*”. Una de las lecciones paradójicas de Jesus es que para ocupar el primer lugar debo elegir ocupar el último lugar. Cuando asumo esa postura entonces Jesus me dice: “*Amigo, ven sube más arriba*”. No es por quién soy, sino por quién El es en y a través de mí.
Jesus relató una parábola indicando que un hombre invitado a una fiesta se había sentado en el primer lugar y cuando vino el anfitrión este lo desplazó al último lugar para vergüenza suya. Por ello es mas sabio buscar la última posición y que otros sean los que te hagan subir a la primera posición.
Cuando el mundo te exalta eres tú el que recibe el crédito. Prov. 25:27 dice “No es gloria el que busca su propia gloria”. Cuando Dios te exalta otros le darán la gloria a Dios por lo que ha hecho en tu vida.