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De donde viene los deseos

 

 

 

 

 

 

“*¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís*” Stg. 4:1-2

 

 

Los conflictos comienzan temprano en la vida, incluso antes de que pudiéramos hablar. ¿Te has dado cuenta de que un bebé, si sus necesidades no se satisfacen al instante, te lo hace saber inmediatamente?

 

 

La Biblia deja muy en claro que existen por lo menos tres deseos básicos que causan conflictos. Estos deseos son legítimos a menos que estén fuera de control. Son deseos dados por Dios. Pero cuando los pones por encima de otras personas y se convierten en el número uno en tu vida, causarán conflicto.

1.- El deseo de tener

Queremos tener cosas materiales y posesiones. En el versículo 2 dice: "Codiciáis, y no tenéis". Si decides basar tu vida en compararla con otras personas, nunca serás feliz. Tenemos que aprender a lidiar con el deseo de tener.

 

 

Dios creó las cosas para ser usadas y para disfrutarlas. El problema es cuando empezamos a “*amar*” las cosas y utilizamos a las personas, manipulándolas, para lograr nuestro deseo de tener.

2.- El deseo de sentir

Quiero sentirme bien. Quiero estar cómodo. Quiero tener mis sentidos satisfechos. En el versículo 3 dice “*para gastar en vuestros deleites*”. No está mal disfrutar de la vida, pero cuando el placer se convierte en la meta número uno en tu vida entonces estamos en problemas.

 

El deseo de tener y el deseo de sentirse bien son dos de los deseos que, cuando son frustrados, causan enorme conflicto interno y con otras personas.

3.- El deseo de ser

¡Quiero ser el número uno! Esto es orgullo, poder, popularidad. Vivimos en la década y la generación del "yo". Es el deseo de siempre "yo primero". El deseo de ser es un deseo de superación que es dado por Dios, pero si es gobernado por el orgullo trae conflictos Prov. 13:10 dice: “*Ciertamente la soberbia concebirá contienda; Mas con los avisados está la sabiduría*”.

 

El orgullo no solo causa conflicto con otras personas, sino que causa conflicto con Dios y el declara la guerra al egoísmo al decir en el versículo 6 "Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes".

 

Es muy fácil enamorarse de las cosas en estos días con todos los anuncios en la televisión y el internet. El deseo de un nuevo carro y ese nuevo smartphone continúan hablando sobre el vacío de las personas que tratan de llenar sus vidas con cosas. El deseo de tenerlas no satisface, te deja vacío.

 

Luchar por el éxito y caminar por ahí diciendo “*mírame*” es un deseo de impresionar. Es el deseo de estar lleno de orgullo. ¿Alguna vez has estado en una discusión en la que sabías que estabas equivocado, pero no lo admitirías? ¿Por qué? Por orgullo. El orgullo causa conflictos. La próxima vez que estés en una discusión, detente y pregúntate si vale la pena.


Cuando sientas el deseo de tener, de sentir y de ser ponlo en oración delante de Dios y dice Fil. 4:19 “*Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús*”.

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